Me despierto en el medio de la noche. Tengo sed. La garganta totalmente seca ratifica lo que la pesadilla ya me había dado su señal de alerta. La recuerdo perfectamente, tengo la sensación de haber estado allí y no en sueños. Me siento como volviendo de la máquina del tiempo, un salvataje de último momento.
Voy por el desierto (estoy muy lejos de casa) llevando varias horas de caminata encima. No llevo nada, excepto lo puesto. El sol quema las arenas infinitas y me hace confundir las distancias entre las dunas. No se vislumbra rastro alguno de vida descontando las pequeñas lagartijas que al primer pestaneo se desvanecen. Desconozco el motivo que me hizo aparecer en dicho lugar. Desconozco el lugar al que me dirijo y no tengo idea del tiempo. Solo puedo imaginarme que ya ha pasado el mediodía debido a lo duro que va pegando el astro divino. A pesar de la enorme soledad que el paisaje representa, siento una presencia, como un halo de vida que me persigue. De tanto en tanto me doy vuelta sobre mis hombros pensando que hallaré al espectro que siento sigue mis pasos, pero siempre encuentro más arena y calor, dudas y angustia, hambre y sed. La caminata sigue a paso sostenido hasta que mis piernas ceden y caigo vencida sobre la caliente masa dorada. En ese momento recuerdo que ya llevo un par los días de esta locura y que no puedo seguir si no tomo una gota de agua. La garganta está áspera, mis manos hinchadas, el cutis resquebrajado, solo me queda resto para una lágrima que cae rendida por el rostro, miro hacia el horizonte y el clima no cede, no veo oasis alguno aunque más no sea en mi imaginación como símbolo de la esperanza, intento tragar mis sollozos y la garganta se mimetiza con el paisaje y se convierte en un túnel de arena fina y seca que me empieza a asfixiar hasta sentir que es el final, y esa presencia que aún percibo alrededor mío sin poder verla y no se si seguir llorando por mi muerte o por la forma en la que ésta se va a ejecutar.
El despertar es tan terrible como el sueño mismo. Toda sudada, un grito de angustia emerge en la calma de la madrugada hecha para los besos o para los despabilados, la cama es un mar de sábanas amorfas, los ojos siguen húmedos de lágrimas y el sentimiento de mortandad perdura durante los primeros momentos. Terrible, agotador, inhumano. Mientras trato de tranquilizarme, emprendo la búsqueda hacia la cocina buscando asilo en un vaso de agua. Ya en el codo de la escalera, escucho un ruido proveniente del living acompañado del timbre del teléfono. La angustia se acrecienta, el corazón me rompe el pecho. Contesto con un murmullo y no responden. Siento una respiración penetrante. Mi insulto da por terminada la llamada. Pero en la oscuridad aún puedo percibir el aliento galopante del sádico que estaba al otro lado del teléfono. Finalmente me decido a dar por acabada la travesía emprendida, diciéndome a mí misma que la paranoia no es una buena amiga, que todo es producto de mi imaginación y que el lunes mismo debería comenzar el curso de yoga para poder canalizar todos esos fantasmas. Prendo la luz de la mesita ratona para llegar sin tropezar con nada a poder abrir la puta puerta de la cocina. Pero cuando la abro, las lágrimas me llenan la boca de sal. Sobre la mesa, majestuoso, yace un vaso lleno de arena.
Monday, December 4, 2006
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1 comment:
Sera el vaso de Arena seca, de arena dulce o "de Arena" que todos tenemos dentro...?
Esos suenios vividos de nuestra vida o los que vendran por vivir.
Gracias amiga por abrir un canal mas de agua (a veces dulce, a veces salada) entre nosotras.
Te quiero.
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