Thursday, January 18, 2007

Un bar en Buenos Aires, Santiago de Chile o Madrid, da igual. La cosa es que siempre me llevo el diario camuflado en la mochila. Uds. saben lo importante que es este instrumento en el trono. Uds. conocen la escena. Sin diario, no puedo. Somos el uno para el otro.

Entro en el habitáculo y me siento. Me dispongo a abrir la parte de deportes, como Dios manda, y de refilón descubro lo que será mi pesadilla para el resto del día: NO HAY PAPEL. Está el de diario, pero eso sería realmente para una emergencia. Un espectáculo muy grotesco podría sucederse. No quiero ahondar, prefiero darle un cierre pronto a este malestar. Muy fuera de mi, decido abandonar el lugar del crimen no cometido. Por último, mientras me subo el cierre y pienso que ese lugar lugar tan cool, con velitas que largan olor a mierrrrda, con camareros que te atieden como el orto y de paso, cuando te traen la cuenta, te lo rompen, no tiene un rollito de 70 metros, grito bien fuerte: ¡me cago en la falta de papel higiénico y la puta que lo parió! No, mejor no me cago porque no hay papel higiénico...

1 comment:

Ariel- said...

Situaciones como estas nos llevan a pensar cuál es nuestro papel en la vida. :)

Un besote,